viernes, 4 de julio de 2008

dialogos inventados- fliar paterno.

Me metí en la pileta.

Ella, tenía puesta una maya entera y una gorra de baño. Venía nadando hacia mi. Nadaba pecho, y la cabeza se mantenía fuera.
Sus ojos eran agua.

Pensé: sí, claro. Y nadé pecho a su lado.

Y así, nadando me dijo:

Te voy a regalar algo íntimo. Te voy a regalar algo hermoso.

Metí la cabeza bajo el agua.

Era ella. Eran sus piernas en el agua. Era su voz acaramelada.

Sabor a porcelana- dijo.

¿Qué? Pregunté

Eso. Los niños se sientan en la mesa de los grandes, y los grandes en el comedor diario. Las copas siempre son de cristal, los platos de porcelana.

La miro sonriendo (cambio el verbo, cambia el tiempo). Seguimos nadando: el largo de la pileta parece no tener límite.

Los grandes hablan a los gritos, se quejan, ensucian, se tiran platos. Y resulta que los niños, no. Los niños toman leche batida con crema.

Uy… recuerdo.

Un vestido de dominó. Un coro de niños. Y ella. Ella. Ella. Ella. Ella.

Si La Sol Fa Mi Re Do.

Una vez que conoces las notas, podes cantar todo lo que quieras.

¿Entonces?, pregunto.

Entonces…. Dice.
Nos zambullimos. Y vamos hasta lo más hondo.

Ojalá tenga sus pechos, pienso.

Salgo a respirar. Entonces ya se fue. Entonces salgo.

Creo que me quedé con sus ojos color agua.

nadadora

boomp3.com

agua!

martes, 1 de julio de 2008

esquicio

Una gotita, dos gotitas. Tres gotas.

Lisandro mira sus manos. Las apoya sobre la baranda de madera del porche verde oscuro.
Sus dedos son largos. “Larguísimos”, dice siempre Silvia.

Diez gotitas. Cuenta.

Del techo de chapa caen y suenan cuando aterrizan justo en sus uñas. Y a Lisandro le gusta esa sensación. Como si fuera un niño, como si fuera tonto.

Cuarenta y un gotitas.

“¡El plomero! Lisandro” Silvia gritando, gritando.
Seca sus uñas en la camisa a cuadros que lleva puesta, la camisa que lava Silvia a la noche, la camisa que más le gusta.

Cuarenta y dos gotitas.

Falta media hora para que pase su compañero de trabajo a buscarlo. “Los otros vecinos se rascan”, casi dice, casi un susurro.

… gotitas.

Y también le gusta pasar la lengua por todos los compartimentos de su boca, y así devuelta las tostadas con mermelada casera (la que hace Silvia).

“¡Pero cuando vas a llamar al plomero Lisandro!”

Se chupa un dedo. “Qué frío”

Mil gotitas.

Le encantaría que su mujer salga y lo bese. “Como en las películas”.
Pero nunca van al cine.

Los bocinazos: Lisandro se levanta y se va.

Un millón de gotitas.